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jueves, 25 de junio de 2020

BONES OF FRANKENSTEIN de Don Glut (New English Library Limited, 1977)


Estamos ante la tercera novela de Don Glut de su serie “New Adventures of Frankenstein”, que son un poco el eje sobre el que pivota buena parte de la obra –y obsesiones– de este científico loco del pulp apellidado Glut. El director de cine, guionista de cine y de comic (más sobre su detective de lo oculto tebeístico AQUÍ), novelista, actor, músico, experto en efectos especiales, estudioso y coleccionista del género fantástico, eminencia en el tema de los dinosaurios, documentalista, conservador de museos, presentador…y alguna otra cosa más que se me escapa, tiene entre sus mayores logros ser autor de la novelización best-seller de “El Imperio Contraataca”, haber hecho historia en la antropología americana via sus estudios de los dinos y, lo que nos ocupa aquí, escribir una divertidísima saga de aventuras terroríficas y desprejuiciadas en las que la criatura del dr. Frankenstein resucita de su milenario congelamiento en los hielos del Polo Norte, para vivir bizarrísimas peripecias en una actualidad que parece salida de una novela de a duro.

En esta ocasión continúa el periplo de la criatura por una ficticia Europa del Este (el pueblo se llama Crovackia, concretamente) donde se está preparando un alzamiento militar en el que el ejercito, personificado en un villanesco general con delirios de conquista, planea crear un ejercito de muertos vivientes a sus ordenes. ¿Y qué se puede hacer para conseguir tal objetivo? Pues lo más lógico: ir al castillo local y conseguir los servicios de un hechicero de magia negra (capa de colorines incluida) para que resucite al mismísimo Baron Victor Frankenstein y reproduzca su experimento, esta vez con muchos monstruos en vez de solo uno. Un absoluto y divertidísimo disparate se sucede a continuación, con Deus Ex Machina brutales, nocturnos robos de cadáveres y el esperado encuentro entre la Criatura y su creador. Los laboratorios llenos de viales, retortas y telarañas, así como el aniquilamiento de fuerzas bélicas enemigas via ametralladoras o desmembramientos, nos recuerda que Glut nos habla del monstruo de Mary Shelley, sí, pero que sus referentes son el pulp de los 50, los films de la Universal y de la Hammer sobre los monstruos clásicos y, en un grado creo que no lo suficientemente reconocido, los cutre-seriales de la Monogram y la Republik. Situaciones descacharrantes, villanos de serie B (o Z) y mucho amor al medio es lo que encontramos en una narración apresurada y que no ganará ningún premio literario. Pero eso sí, ni un solo fan de los monstruos clásicos saldrá defraudado de un verdadero festival de cameos, guiños clásicos y mucho amor al género.

Don Glut y uno de sus objetos de estudio
Extrañísima es la mezcla entre la magia negra del mago del castillo y la ciencia actualizada que el Baron prueba para crear el ejercito fantasmal para la conquista. De hecho, y si obviamos la típica trama en el que un personaje ciego se hace amigo del monstruo y su compañero –el desfigurado y vendado Wilhem, que viene de la anterior entrega en la que ambos freaks se enfrentaron a la amenaza del androide de “Frankenstein y el Robot”-, el personaje ciego, decimos, que en este caso es una bella aldeana que, como de costumbre, se hará amiga de los monstruos mientras que su familia buscará destruirlos; encontramos, obviando estas cosas, como decía, una interesantre concepción del monstruo de Frankenstein como lado oscuro o doppelganger del propio doctor,  a veces explorado en otras versiones más “prestigiosas” del mito. Aquí su fantasma redivivo tendrá que reconocer a regañadientes el vínculo espiritual que le une a su monstruo, tendrá oportunidad una vez más de negarle una compañera para la deforme eternidad e incluso creará parte de ese ejercito de monstruos para que tengamos una espectacular escena de pelea final en el castillo en llamas (sí, los piquetes con antorchas también vuelven a aparecer). 

En resumen… puro Frankenstein de bajo coste para disfrute de las masas. Una pena que aquí solo se tradujeran las dos primeras entregas de esta saga, parece ser que además bastante censuradas.


jueves, 23 de abril de 2020

“¿A QUÉ HORA TE MATARON, SHARON TATE” — KEITH LUGER (Servicio Secreto, 1018. Bruguera


El otro día hablábamos en facebook de esta bizarrísima saga de novelitas que Bruguera incluyó en su colección de “noir” y espionaje “Servicio Secreto”. Los títulos eran igual de interrogativos con la hora, pero los otros personajes damnificados, aparte de Sharon Tate, fueron Kennedy, Marilyn Monroe y Luther King (con la extrañeza de que la novela del presidente y su magnicidio en Dallas era de Adam Surray, mientras que las otras tres son de Keith Luger) y constituyen una genuina “explotation” de eventos sangrientos que en esta época estaban en boca de todo el mundo. En el caso de Tate, que nos ocupa, una auténtica pieza de coleccionismo al incluir una teoría propia a la identidad de los asesinos que no incluye a la familia Manson (aún no habían detenido a los criminales) pero no exenta de cierta base real según las investigaciones que la policía estaba llevando a cabo. Es extrañísimo leer una historia sobre los asesinatos en Cielo Drive que no incluye ni una referencia al “Helter Skelter”, pero es que el depósito legal de la novela es de 1969 (los crímenes fueron en agosto de este año), así que Luger debió escribirla a toda prisa para ser publicada en enero de 1970. Precisamente ese fue el mismo mes en que detenían a Tex Watson, Linda Kasabian y otros involucrados en el evento, por lo que aún no había comenzado ni el mediático juicio ni, por supuesto, había explotado aun la teoría mesiánico-racista-cristiano-satánica que el fiscal Vincent Bugliosi enarboló para meter entre rejas a Charlie Manson y sus acólitos.

Así pues, ¿Qué toma el señor Oliveros de la realidad para su versión de los crímenes? Pues más bien poco. “¿A qué hora te mataron, Sharon Tate?” es una despendolada intriga de serie negra que se presenta como una deformación grotesca y bufa de una novela de Chandler. Tenemos un sabueso duro como el pedernal al que involucran en la resolución de los crímenes de la casa de Tate y Polanski (ambos mencionados, junto a todas las víctimas que perdieron la vida allí) y… no, aquí no hay culto alguno. Aunque Luger menciona la posibilidad de que el crimen fuera obra de alguna especie de, en sus palabras, “grupo pagano” debido a una falsedad que recogieron los periódicos y que también esta novelita da como cierta: que el cadáver de Jay Sebring apareció con una capucha negra puesta. Posteriormente se confirmó que nada de capucha, sino que era una simple toalla, pero ese simple bulo sirvió para que los rotativos hicieran el agosto hablando de sectas satánicas. Sin embargo, Luger recoge las sospechas sobre tráfico de drogas y gansterismo como el principal motivo de la matanza. No le duelen prendas en poner a las víctimas -el peluquero Sebring y al escritor Frikowski, amigo de Polanski, como traficantes. Y a Sharon Tate como encubridora del pastel-. Una débil referencia a narcos en la prensa de la época como línea de investigación le basta a Luger para sacarse de la manga a unos cuantos mafiosos y un par de sádicos asesinos a sueldo como rostros detrás del crimen, por lo que al detective protagonista le basta con investigar el asunto, ponerse en peligro, tirar de sangrientos hilos y, por supuesto, enfrentarse a tiros y puñetazos contra los facinerosos.

Y qué, en fin, igual tampoco andaban tan desencaminado este “bolsi”, teniendo en cuenta que a día de hoy sigue habiendo puntos oscurísimos en el caso Tate-La Bianca, incluyéndose la teoría de una conspiración con drogas de por medio en muchas teorías revisionistas. Las mismas que tiran por tierra el relato de Bugliosi y el Helter Skelter como una posible exageración del mediático fiscal. Por lo demás y en la novelita que nos ocupa, lo dicho: Chantajes, maletas de dinero cambiadas de manos, persecuciones, peleas, balaceras, un poco de machismo del inevitable (el detective se emperra en que su ex debe estar con él, y logrará echar a ostias a otro candidato al amor de su chica –que, burla burlando, al final se descubre que lo había contratado ella misma para aparentar tener una relación y así vengarse de las continuas infidelidades del detective. Brutal, sí- para que al final reine la armonía machoman y la cosa acabe, como siempre, en bodorrio) además de un final con sangre, fuego y miembros explotando que nada tiene que envidiar a la versión Tarantino del crimen de Sharon Tate, estrenada el año pasado. Estoy convencido de que esta chorradita de Keith Luger, además de vertiginosa y muy entretenida (aunque sonrojante en las partes mencionadas) le da mil vueltas a la, no menos explotation, de “Érase una vez en Hollywood”, por divertida, psicotrónica y, encima, ser un producto cercano en el tiempo al propio crimen.



viernes, 10 de abril de 2020

“ESCORIA” — BURTON HARE (Top Secret 12, Forum)


Burton Hare en estado puro en esta colección policiaca de Forum, en la que maestros (y no tan maestros) del bolsilibro entregaban novelas inéditas en la línea de sus aportaciones a Bruguera y otras editoriales. El número 12 de este sello lleva este título tan contundente: “Escoria”. Palabra que además debía gustarle bastante al señor Lliró Olivé, pues la empleó en otros títulos como “La Escoría del Infierno” (Punto Rojo, 762) o “Escoria Mortal” (Oeste Legendario, 174), y os puedo adelantar que hay bastante escoria humana en esta excelente novelita. Nada menos que un grupo de vecinos de un pueblucho de la America profunda dedicados a la trata de blancas, con la connivencia del Sheriff y de varios peces gordos locales. Estos “angelitos” tienen un negocio de secuestro, violaciones y tortura de chicas jóvenes que luego acaban esclavizadas, ante la inopia de la ley. 

O al menos hasta que el amigo de una de las chicas secuestradas, nada menos que un maduro poli retirado que acaba de salir de un sanatorio por sus problemillas mentales y de control de su ira, decide buscar a la chica en cuestión, encontrándose todo el pastel. El personaje no es, como habréis imaginado, el típico caracarton de los bolsilibros “noir” sino un espécimen bastante interesante y muy bien dibujado (aun con dos o tres pinceladas, solo) que hacen que nos identifiquemos aun más con él y tengamos aun más ganas de que se ponga a impartir justicia de la buena. Si otras veces el señor Hare deriva por territorios a lo Chandler, en este caso la mano Jim Thompson se deja notar mucho más. “Escoria” se lee en un suspiro, tiene emoción, suspense y violencia de esa que a veces dan ganas de mirar a otro lado. En resumen… Chapeau!