Challengers of the Unknown #48 y Doom Patrol #102. (DC, Marzo de 1966).
Increible que no cuente
con más predicamento este épico choque de titanes. Sucedió en una época como La Edad de Plata de los tebeos
americanos, y aun muy lejos de los grandes eventos y cruces entre colecciones
que caracterizarían la narrativa superheróica en los 70 y 80. Y aun más
marciano que este evento, dividido en dos grapas vertiginosas y rebosantes de
energía, color y emoción, fuera un crossover
entre dos grupos de personajes a priori de segunda fila en el canon de DC comics.
Nada menos que el grupo
proto-4 fantásticos, los Challengers of the Unknown (también
creados por Jack Kirby) y la magnífica
reunión de outsiders que se agruparon
bajo el nombre de Doom Patrol, de Arnold Drake -los cuales, irónicamente,
fueron una especie de respuesta de DC
a los 4 fantásticos de Marvel, y que (aun más irónicamente) compartían casualmente puntos en común con su Patrulla
X-. La Patrulla Condenada obtuvo
su cuota de reivindicación “brittish
invasión” gracias a esa obra maestra que nos regaló Grant Morrison a primeros de los 90 (y que ha acabado propiciando
series actuales de estos personajes, tanto en comic como en la TV), pero los Challengers, a día de hoy, siguen siendo por desgracia una
inmerecida nota a pie de página, siempre a la sombra de ser el primer esbozo de
la familia de superhéroes de Marvel
y, por tanto una versión no tan perfecta de lo que nos brindaría Kirby ya junto a Stan Lee. Y bueno, en el caso de nuestro país tampoco ayuda que a
día de hoy no exista une edición en condiciones de esta colección (ni de
ninguna de la edad de plata, oro ni bronce de DC, ya puestos). Pero, como digo, aun más olvidado este cruce de series
del que no había oído hablar jamás pese a ser, en mi opinión, un increíble
precedente de las que vendrían en el futuro. Y además una historia
divertidísima que no da tregua. Apabullado que quedé al terminar de leer el Doom
Patrol #101 y encontrarme una viñeta final en la que los Challengers mandan un S.O.S.
desesperado a la patrulla mientras yacen desfallecidos y al borde de la muerte
en su propia base. De ahí desembocamos en el número 48 de los héroes de Kirby y empieza el festival.
Una panda de
supervillanos reunidos que se hacen llamar (Ojo cuidao) The Challenger-Haters, se escapan de la cueva-prisión que los
propios Challengers tienen en los subterráneos de su base por un método brutal:
El líder del nefando grupo, Multiman –un
genio científico que además de tener una cabeza gigante estilo El Lider de Hulk puede metamorfosearse en los animales que quiera- logra
engañar a los Challengers soltándoles un pacífico conejito que al final resulta
ser un “quimozoide” creado por Multiman
en un laboratorio improvisado de su celda. El bicho, tan peligroso como el
conejo de los Monty Python, se
aferra al brazo de Rocky, el
musculitos del grupo, y por poco no lo deja manco. No solo es inmune a las
balas sino que además al final aparecen más conejos y consiguen doblegar al
grupo de héroes mientras los miembros de los Challenger-Haters salen de sus celdas. ¡Y vaya miembros! Cualquiera
de ellos podrían ser parte de la posterior Hermandad
Dadá morrisoniana. Tenemos a Kra,
un forzudo pero erudito robot alienígena cuya debidilidad es el agua común. Volcano Man, un tocho parecido a La Cosa pero hecho de lava ardiente, y Multiwoman, una giganta robótica
creada y perfeccionada por Multiman (en
cuyas cibernéticas tripas se ve hurgando en una genialísima viñeta), que enseguida
adivinamos que será la rival de Rita,
la Elasti-Girl de la Patrulla Condenada. Tras escapar de
aquí, los Challengers son derrotados por sus haters en una batalla acuática en
la que Multiman se transforma en
pulpo, calamar y lo que se tercie; además de recibir una paliza cortesía de Volcano Man, que demuestra que su
condición de hombre de lava no le afecta lo más mínimo en profundidades
abisales. El dibujo de Bob Brown
maravilloso en estas escenas de acción. Y por cierto que se funde
increíblemente con el de Bruno Premiani
en el siguiente número, ya en la colección de la Doom Patrol, manteniendo la fluidez de la historia sin bruscos
cambios estéticos.
¿Y qué es de nuestros
freaks heróicos favoritos? Pues obviamente este primer capítulo termina con un
combate entre las dos mujeres gigantes, Robot
man contra el no menos contrachapado Kra
y algún que otro escarceo más que desemboca en la fuga de los Haters a preparar su siguiente y
mortífero plan. ¿Otra pelea estirada de supertipos que no aportara nada a la
trama? ¡Error! Las sorpresas y el ritmo veloz continúan. Tras unos misteriosos
intentos de asesinato a Rita y a Larry (el gran Hombre Negativo, nunca lo suficientemente reivindicado), los
“odiadores” ponen en marcha su siguiente plan. Nada menos que resucitar a un
ejercito momificado que duermen bajo el agua y eran habitantes de la mismísima
Atlántida. Los zombies pronto empezaran a sembrar el caos (derritiendo tanques
y aviones con los avances tecnológicos de Multiman)
y apoyar al líder en la dominación mundial.
Y al final otra mega-batalla
acuática con los muertos vivientes, los odiadores y algunos invitados extra en
el bando de los buenos (aparición estelar del gran Beast Boy, en sus primeros
pasos antes de la fama en los Titanes)
y miríadas de rayos, ostias, burbujas, transformaciones en bichos gigantes y
mucha épica con sorna de la que arranca aplausos. Cliff y Rocky, como
forzudos de sus respectivos grupos, no paran de soltarse borderías y
chascarillos que no tienen nada que envidiar a los de Johnny Storm y Ben Grimm.
Negative Man sufre una
deconstrucción en pedazos, una subtrama del rey zombie atlante con su amada
congelada que no esperábamos, las dos enormes mujeres vuelven a pelearse y la
transformación final de Multiman en
ballena (y la ingeniosa forma en la que al final le combaten, que no revelaré)
nos mantienen en tensión y entretenidísimos en todo momento.
En resumen, tebeo “silver age” desatado, sentido de la
maravilla de muchos quilates, un choque de personalidades carismáticas mucho antes
de que se pusiera de moda y, lo más importante, diversión a raudales. Sea una historia más o menos "naif", sea más para la chiquillería o para gente que no ha sabido madurar... ¿No se trata al fin y al cabo de eso? ¡De divertirse! Siendo así, este crossover olvidado no solo tiene ese valor histórico sino que cumple con creces su cometido.
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Yo dejo aquí esta robot-giganta para que se peleen y me retiro discretamente |
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